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Las ideas son caprichosas. Nos asaltan cuando se les canta, suelen ser sumamente inoportunas y se instalan en nuestras cabezotas como lo haría la peor calaña de okupas. Mi atrevida idea cuentamelo.todo se apoltronó en mi cráneo argentino y cordobés alguna tarde, o alguna mañana, o alguna noche de enero , y quedó ahí esperando ser convertida en acción. En eso estamos...
La mano viene así: creo que hay historias interesantes dando vueltas, escondidas en páginas amarillentas de libros olvidados, en recortes arrancados de revistas, transcriptos a mano pacientemente, e incluso okupando cabezas sin animarse a ver la luz. Y no es justo. Mi idea caprichosa sugiere que divulguemos esas historias que sabemos. Tan simple como eso.
Mi gusto por las historias cortas, absurdas, con humor, que sacuden neuronas, que nos enseñan algo, no es para nada reciente. Sí lo es, relativamente, el impulso que recibió de parte de un viejo amigo incondicional que ha abierto muchas puertas y ventanas de mi mente: el Señor Turu Flores. Este individuo es el culpable de algunas de mis obsesiones, no por haberme introducido a ellas, sino más bien por compartirlas conmigo y así alentarme a continuar. En su favor puedo decir que me considero orgullosamente culpable de algunas de las suyas, por las mismas causas. Estamos a mano.
Sea como sea, ambos sabemos del poder que esconde una breve historia de apariencia simple e inocente. Y sucedió que descubrí un librito que revolucionó mi pensamiento, un compendio enigmático, arrasador y de una simpleza magnífica: "My Little Zen Companion". Y resulta que está escrito en Inglés, como ya lo habrán notado por su título los lectores más suspicaces. Muchas veces, durante nuestras charlas filosófico-ontológicas, me lamentaba porque el Turu no lo había leído. Y mil veces le prometí traducirlo. Nuevos amigos llegaron – la Noe y Leandro – y las promesas continuaron. La cosa es que un buen día me puse a traducir.
La traducción me llevó mucho tiempo y aún no está terminada, pero sirvió para crear las condiciones mentales para que nazca "cuentamelo.todo". Y es que me sirve mucho leer algo estupendo, pero más me sirve si puedo charlarlo con alguien y sumarle una nueva perspectiva a la cuestión. Y muchas veces charlo con cualquiera de ustedes y uno de los dos pregunta: "¿No leíste bla o bli?" Cuando el otro responde que no, nos damos cuenta de que los dos nos estamos perdiendo algo. Esto es un intento quijotesco para que nos perdamos menos cosas.
Mi hormiga viajera, digo mi amiga viajera, la incomparable Vicki, es una gigante y eterna amante de las historias. Las colecciona. Las cuenta. Las inventa. Y las sigue contando. Oralmente, por escrito, por mail, por gusto. Siempre por gusto. ¡¿Cómo no pensar en la Vicki si pienso en proyectos descabellados que involucren historias!? Con ella hablé del mundialmente extendido bookcrossing, que se apoya en las virtudes de la Internet. Hablé de eso y de 10 mil cosas más. Y hay que vernos debatiendo, ¡qué espectáculo! Ella hizo otro aporte crucial para parir esta idea.
Destaco también la vasta capacidad creativa de Javito, un gran lector y un prometedor autor de historias inquietantes. Creo que este puede ser un espacio para que comience a hacerse famoso, quien sabe.
Todos lo que quieran pertenecer a esta cruzada de lectura no tienen más que buscar una buena historia corta (si buena y breve, dos veces buena), transcribirla y mandarla por e-mail a cuentamelo.todo@gmail.com.
La historia será mandada a todos las miembros y será guardada en una e-library (una biblioteca electrónica). El nuevo miembro recibirá, de a poco, todas las historias de la e-library. Por supuesto, pueden invitar a sus amigos, siempre y cuando respeten los siguientes términos:
Términos de cuentamelo.todo
Hay que elegir con sentido común historias interesantes y cortas, transcribirlas y mandarlas por e-mail a cuentamelo.todo@gmail.com.
El nombre del autor debe acompañar a la historia.
Los miembros pueden mandar historias creadas por ellos mismos.
Quienes tengan muchos errores de ortografía recibirán un mail con burlas y, si las faltas son muy obscenas, integrarán una sección bochornosa con su nombre y apellido que será divulgada entre los miembros de cuentamelo.todo .
Las historias procedentes de cadenas de mails pedorras, pseudo-conmovedoras y archi-conocidas serán mandadas al to-or sin ninguna contemplación.
La selección de las historias será sumamente subjetiva de mi parte, no hay "tu tía" y al que no le guste, a llorar al campito.
Las historias creadas por los miembros serán leídas con total indulgencia y serán publicadas de una, orvio!
Los miembros de cuentamelo.todo pueden invitar a amigos, eligiéndolos con sentido común, mandándoles este e-mail de invitación con los términos de cuentamelo.todo y haciéndose responsables por la posible imbecilidad de los mismos.
Leer y compartir lecturas
Espero que crean en esta idea que podemos hacer grande entre todos.
Como muestra basta un botón. Acá les mando DOS historias, una como muestra y la otra como bienvenida...
Tolle, lege!
Mister Q
¿Capaces? Ma' vale
Sucede, resulta, había una vez una historia que cuentaba que en un pueblo muuuuuy cerca, acá nomá – yo no sé para que tiene otro nombre – un Rastrojero diesel habíase quedao sin freno y en el afán de queré bajase, el conductor – eu – comenzó a ará la banquina haciendo rebajes, hasta que de tanto mirá para abajo cuando ponía las marchas, se terminó llevando un cartel que decía "Cuidado con el perro. Y con los carteles."
Con el Rastojo aboiao en el capeau (leáse 'capó', isnorante del francés), el buen hombre desenfrenado (porque se había quedao sin frenos) se puso a hacé dedo pa' que alguien lo trajera a Córdoba. Pasaron unos búfalos sedientos, pero ná. Pasaron unos pumas hambrientos y también la brigada Puma haciendo giladas con 48 pescao en la misma motorola, pero ná. Hasta que pasaron tres ca-me-i-os. Sí, tres ca-me-i-os que venían pa Córdoba fueron de los más gentiles y lo trajeron – a mua, que ahora habla en 3era persona – en una de sus jorobas, jorobas que a cada saltito – al llegar a Córdoba – le hacían ver unos espejismos increíbles: bondis con todas las luces, asfalto en todos los pozos, luces en todas las oscuridades.
Pero entre tanto saltito y saltito, este hombre desenfrenado empezó a pispeá que no era tanto espejismo lo que veía, que algo de reality había. Y le pregunté a los camélidos el por quoi de la questions. Los tres sabios pedazo de animales, torciendo el pescuezo, me miraron y dijeron al unísono: "Es 24. Y mañana 25."
Punto final. Ni una palabra más adelantaron estos tres muchachos de Arabia que venían a la City – según confesaron – a cambiarse las herraduras de los vasos concomitantes y que me dejaron en pleno centro de esta Córdoba que era tan pero tan distinta a la por yo conocida hacía unas horas atrás, cuando andaba repartiendo banderas blancas para que dejaran de bombardeá.
Córdoba era otra cosa. La gente caminaba las plazas con las manos y nadie miraba fulero. Los taxis y colectivos se daban el paso amablemente, los perros miaban donde decía: "Pa' que meen los perros." La calle era hogar de todos pero no era vivienda de nadie. Los parabrisas se limpiaban solos pero todos tenían monedas pa' lo que guste en el bolsillo. No había quien no trabajara, ni quien no estudiara, ni quien no pensara, ni quien no tuviera el rato libre necesario para ser libre. "Oh" dije sorprendido, "pero que cosa más linda" y dos chicas que pasaban me dijeron: "Muchas gracias por lo de lindas, ¿qué hacemos esta noche?"
Las cosas no podían ser mejores. Yo ya me había olvidado del Rastrojo incrustado en el cartel y disfrutaba de una ciudad que no apartaba a nadie. A cada paso que hacía, alguien me invitaba a un picado. O a una picada. No había quien estuviera/se solo/a en esta metrópoli que ese 24 había cambiado el deseo de ser grande al pedo por el de ser justa por la justicia de serlo nomá.
Y empecé a buscá explicaciones. Busqué y busqué por todas partes. En las alcantarillas y comisarías, en las guarderías y pescaderías, en las verdulerías y escobillerías, en las bicicleterías y afinerías. Pero no las encontré. Todos, todos, mientras festejaban haciendo sus cosas, me decían: Aguantá, aguantá un toque hasta las doce."
Y cuando las doce dio el sereno, un hombre que éramos todos los hombres multiplicó los panes y los peces y las costillas y matambres y los libros y las casas y los monopatines y las palabras y los sonidos y los vinos y las aguas y los tiempos y el disfrute. Y todo fue mucho más para todos en ese 25 que empezaba sin sufrimiento y sin coronas y sin espinas y sin clavos y sin lágrimas que no fueran de alguna vieja tentada al recibir su máquina de tejer pa hacele un poncho al abuelo.
Por mi parte, el Rastrojero volvió solito a casa, sin una sola piña y con el tanque lleno. Y ante tal hecho, pedí explicaciones a la magia de la majestad. Que me miró mientras revolvía un clericó para el 25 y sólo dijo: "Los únicos capaces: los hombres" "¿Capaces? – le dije eu – Vamo tata, digame la papa papa de este 25", ante lo cual, mientras se pasaba un palillo entre diente y diente, me respondió: "Ah bueno, que lo hagan cuando les pinte, esa capaz, papa papa querido. María, alcanzame el vino, plis, que voy a brindá con un amigo."
Fue lindo el 25, che.
Copiado de la revista barrial MATICES, autor desconocido
Lucas, sus regalos de cumpleaños.
Sería demasiado fácil comprar la torta en la confitería "Los dos Chinos"; hasta Gladis se daría cuenta, a pesar de que es un tanto miope, y Lucas estima que bien vale la pena pasarse medio día preparando personalmente un regalo cuya destinataria merece eso y mucho más, pero por lo menos eso. Ya desde la mañana recorre el barrio comprando harina flor de trigo y azúcar de caña, luego lee atentamente la receta de torta Cinco Estrellas, obra cumbre de doña Gertrudis, la mamá de todas las buenas mesas, y la cocina de su departamento se transforma en poco tiempo en una especie de laboratorio del doctor Mabuse. Los amigos que pasan a verlo para discutir los pronósticos hípicos no tardan en irse al sentir los primeros síntomas de asfixia, pues Lucas tamiza, cuela, revuelve y espolvorea los diversos y delicados ingredientes con una tal pasión que el aire tiende a no presentarse demasiado a sus funciones usuales.
Lucas posee experiencia en la materia y además la torta es para Gladis, lo que significa varias capas de hojaldre (no es fácil hacer un buen hojaldre) entre las cuales se van disponiendo exquisitas confituras, escamas de almendras de Venezuela, coco rallado pero no solamente rallado sino molido hasta la desintegración atómica en un mortero de obsidiana; a eso se agrega la decoración exterior, modulada en la paleta de Raúl Soldi pero con arabescos considerablemente inspirados por Jackson Pollock, salvo en la parte más austera dedicada a la inscripción SOLAMENTE PARA TI, cuyo relieve casi sobrecogedor lo proporcionan guindas y mandarinas almibaradas y que Lucas compone en Baskerville cuerpo catorce que pone una nota casi solemne en la dedicatoria.
Llevar la torta Cinco Estrellas en una fuente o un plato le parece a Lucas de una vulgaridad digna de banquete en el Jockey Club, de manera que la instala delicadamente en una bandeja de cartón blanco cuyo tamaño sobrepasa apenas el de la torta. A la hora de la fiesta se pone su traje a rayas y transpone el zaguán repleto de invitados llevando la bandeja con la torta en la mano derecha, hazaña de por sí notable, mientras con la izquierda aparta amablemente a maravillados parientes y a más de cuatro colados que ahí nomás juran morir como héroes antes de renunciar a la degustación del espléndido regalo. Por esa razón a espaldas de Lucas se organiza enseguida una especie de cortejo en el que abundan gritos aplausos y borborigmos de saliva propiciatoria, y la entrada de todos en el salón de recibo no dista demasiado de una versión provincial de Aída. Comprendiendo la gravedad del instante, los padres de Gladis juntan las manos en un gesto más bien conocido pero siempre bien visto, y la homenajeada abandona una conversación bruscamente insignificante para adelantarse con todos los dientes es primera fila y los ojos mirando al cielo raso. Feliz, colmado, sintiendo que tantas horas de trabajo culminan en algo que se aproxima a la apoteosis, Lucas arriesga el gesto final de la Gran Obra: su mano asciende en el ofertorio de la torta, la inclina peligrosamente ante la ansiedad pública, y la zampa en plena cara de Gladis. Todo esto toma apenas más tiempo del que tarda Lucas en reconocer la textura del adoquinado de la calle, envuelto en tal lluvia de patadas que reíte del diluvio.
Julio Cortázar
* apoteosis: ensalzamiento de una persona con grandes honores o albanzas
* borborigmo: ruidos de la panza
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