Acá de nuevo, en este sábado que se presta más para hacer cucharita que para andar como un papo en el centro... pero bueno, hay que pagar el alquiler de alguna forma...
El Fede Fernández nos mandó esta historia cortita de Dolina y nos confiesa que él una vez encontró un corazón pintado, pero decia: "Fede y Carlos". Sospechoso, diría yo. Los dejo con "Carlos y Amelia", no sin antes desearles que anden bien y pedirles que escriban.
Tolle, lege!!
Mister Q
Carlos y Amelia
El primer corazón lo encontró pintado en la pared del frente de su casa.En su interior, entre firuletes, se leía "Carlos y Amelia". Aunque él se llamaba Carlos no se dió por aludido, pues no conocía a ninguna Amelia.
El segundo lo impresionó un poco más. Estaba dibujado a dedo limpio en la vidriera empañada del bar "Tío Fritz".
Al tercer corazón comprendió que el asunto le concernía. Se le apareció de repente al despegar del ropero la foto de Laura Hidalgo.
Después empezó a encontrar corazones por todas pares: en el baño de la cancha de Velez, detrás del almanaque de la tintorería, en un cuaderno viejo y en un árbol de la plaza a una altura impracticable para cualquier enamorado.
No le costó nada sospechar algo prodigioso. Ninguno de sus amigos tenía el ingenio ni tesón para jugarle una broma semejante.
El último corazón se presentó escrito en un barrilete que acababa de arriar y que carecía de toda inscripción al ser remontado. Lo habían dibujado en el cielo.
Días más tarde, Carlos conoció a Amelia. Era hermosa, pero triste y fina. Averiguó dónde vivía, fingió encuentros casuales, trató de interesarla de cien diferentes maneras. Finalmente le confesó su amor, suplicó y se humilló, pero la mujer no le prestó atención.
No debe haber existido jamás un rechazo tan inapelable como aquél.
Después ya no aparecieron nuevos corazones. Carlos no vió a Amelia nunca más, pero por su culpa envejeció sin amores.
Un día supo por una bruja que el Ángel Gris prepara estos sucesos para que algunos privilegiados vivan la rara experiencia del amor imposible.
Y una tarde, pasando frente a la casa abandonada de la mujer terca, descubrió la borrosa sombra de un corazón pintado bajo la ventana.
Entre firuletes, se leía "Amelia y Ernesto".
Alejandro Dolina
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